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    Vol. XIV, N. 10 7 mayo 2010

    Padre General

    VIAJE DEL PADRE GENERAL A MÉXICO, HAITÍ Y EN LAS PROVINCIAS DE CENTROAMÉRICA Y ANTILLAS

     

    Conforme al plan de viaje, publicado en el Boletín del 12 de abril, el Padre General visitó México, El Salvador, Nicaragua, Panamá, la República Dominicana y Haití, a partir del 19 de abril y  hasta el 1 de mayo. Un viaje intenso marcado por muchos y significativos encuentros sobre todo con jesuitas que trabajan en países limítrofes de aquella región. Dos momentos del viaje pueden considerarse de especial importancia.

     

    El primero de ellos fue la participación en el Tercer Encuentro de Instituciones de Educación Superior de la Compañía de Jesús. En su largo, apreciado y aplaudido discurso, el Padre General identificó los desafíos que la Compañía tiene que afrontar: desde la imperiosa necesidad de una educación que capacite a los jóvenes para trabajar en la preparación  de un futuro mejor para la humanidad, hasta la urgencia de encontrar soluciones a los problemas de la violencia, el cambio climático, las migraciones forzadas, la desigualdad en la distribución de la riqueza, y la falta de una auténtica democracia. "Buscamos el mejor modo de vivir más humanamente: un modo de vivir con menos injusticias, menos marginación... Todos queremos participar en este cambio: todos queremos ser parte de este proceso. Las soluciones a las que puede llevarnos ese proceso, reclaman hoy, necesariamente, la intervención de los que forman parte del problema".

     

    Después de haber ilustrado ampliamente su pensamiento en presencia de casi 200 participantes que representaban más de 102 instituciones de todo el mundo - la nube de cenizas provocada por la explosión del volcán islandés impidió que alrededor de 40 personas llegaran a tiempo-, el mismo Padre General hizo un resumen de los puntos cruciales de su discurso: "He querido que reflexionáramos juntos sobre los desafíos que  la globalización presenta a las universidades de la Compañía de Jesús como instituciones de cultura, de servicios y de investigación. En primer lugar, en respuesta a la globalización de la superficialidad he sugerido la necesidad de estudiar con profundidad el mundo cultural que emerge de nuestros estudiantes como medio de encontrar caminos creativos que nos lleven a profundizar el pensamiento y la imaginación; una profundidad capaz de transformar las personas.  En segundo lugar, con el objetivo de elevar a su máxima potencia las nuevas posibilidades que nos ofrecen  la comunicación y la cooperación, he solicitado de las universidades jesuitas que trabajen para formar redes internacionales que se ocupen de temas importantes relacionados con la fe, la justicia, la ecología.  Temas que nos presentan desafíos que superan la capacidad de los individuos, países y continentes. Finalmente, contra la desigualdad en la difusión del conocimiento, he querido estimular la búsqueda creativa de rutas que hagan posible compartir con los excluidos los resultados de la investigación. En respuesta a la difusión generalizada del secularismo y del fundamentalismo, he querido estimular a las universidades de la Compañía  a que renueven el empeño de la tradición jesuita en un ministerio intelectual que sea capaz de mediar entre la fe y la cultura".

     

    El segundo momento del viaje, de especial importancia emotiva y simbólica, ha sido la visita a Haití, donde los jesuitas se han entregado en cuerpo y alma al trabajo de ayuda y reconstrucción del país después del devastador terremoto del 12 de enero. El Padre General se reunió con los jesuitas y sus colaboradores, estuvo en sus residencias, y visitó algunos de los campamentos improvisados donde encuentran acogida los que han  perdido sus casas. La visita a Haití ha sido justamente interpretada como un gesto de solidaridad y de aliento a la labor que, en medio de muchas dificultades, están llevando a cabo. El Padre Nicolás celebró con ellos, el 29 de abril, su cumpleaños.

     

    Al regreso de su viaje hemos hecho al Padre General algunas preguntas a las que nos ha respondido así.

     

    P. Este viaje le ha llevado de nuevo al continente americano: a México y Centroamérica, con la posibilidad de visitar varios países limítrofes y varias Provincias de la Compañía de Jesús. ¿Qué impresión ha recibido, principalmente, del trabajo de los jesuitas?.

    R. Visitar México y Centroamérica es para mí como volver a casa. Yo crecí con músicas latinas (J. Negrete, I, Villa...) cine (México, Argentina...) y humor (M. Moreno "Cantinflas", Luis Sandrini...) también latinos. En los años críticos de los '60s, '70s y '80s  seguí con gran interés los acontecimientos y el desarrollo de América Central. Volver allí en estos momentos es como revivir aquellos años: la tensión y el dolor de una generación, y el martirio de personas como Monseñor Romero, los jesuitas y colegas de la UCA, y otros jesuitas y laicos que dieron sus vidas por la Fe y la Justicia. Es desolador constatar que las luchas de aquel tiempo no han surtido el efecto que todos esperábamos, y que la desigualdad, la pobreza y la injusticia continúan presentes en el paisaje de esos países. Me impresionó la visita a la casa y la tumba de Monseñor Romero donde es patente la devoción de la gente sencilla. También me afectó visitar la casa donde nuestros jesuitas vivían y donde,, junto con la cocinera y su hija, fueron cruelmente asesinados, en sitio y de forma que no pudieron escapar a los ojos, a los oídos y al conocimiento de los militares.

    Los jesuitas me parece que trabajan con gran coherencia, dedicados a los pobres, poniendo un gran empeño en el campo de la educación, de la acción social, pastoral etc. El humor de los jesuitas mexicanos es refrescante: humor que les permite vivir y buscar juntos cómo servir mejor a la Iglesia y a la gente. Es también impresionante ver a los jesuitas de América Central tan cercanos a la gente, preocupados por sus problemas y sus sufrimientos, compartiendo todo con los laicos y laicas con los que colaboran; una actitud que encarna de un modo tan preclaro la espiritualidad jesuita y la colaboración en nuestros ministerios.

     

    P. ¿Ha encontrado algún problema urgente que reclame atención particular?

    R. Creo que la Congregación General 35 indicó ya las áreas que requieren nuestra atención. Los jesuitas en esta parte del mundo se mantienen alertas a las Fronteras, antiguas y nuevas, de nuestros ministerios y trabajos. Esto se aplica a las Fronteras en el campo de la educación, como formulado en el Congreso de México, y a las otras fronteras en los ministerios a que están dedicados. Quizás el llamamiento del CG35 a la reconciliación, a construir puentes, al ardiente fuego interior que nos mantenga despiertos para adivinar cuestiones de Fe y Justicia, Cultura, Ecología y Diálogo sea más visible y aun dramático en esta región. Cómo alimentar el fuego y conservar la llama en una época de mayor y más cercana cooperación con los laicos, continuará siendo una cuestión importante a la que la Compañía tendrá que responder.

     

    P. El viaje le ha llevado también a Haití. ¿Cómo ha encontrado el  país?

    R. Haití está todavía traumatizado por el terremoto. La ciudad Port-au-Prince parece un museo de desastres. Por otra parte no vi evidencia de que la reconstrucción esté en marcha. La mayor parte de las actividades que yo vi están a cargo de Organizaciones no Gubernamentales, o de grupos religiosos. El Palacio Presidencial, por ejemplo, está aún medio destruido; en el aeropuerto se ven todavía  grietas y no hay señal de que hayan comenzado a repararlas. Los hangares se usan como cobertizos para los viajeros que llegan o parten; las casas derruidas siguen allí,  sin indicios de reparación; campamentos levantados para los que han perdido todo en el terremoto son muchos pero todos en miserables condiciones. Es inevitable pensar qué hará esta pobre gente cuando llegue, muy pronto, la estación de las lluvias tropicales.  No se ve una solución inmediata y mucho me temo que la gente seguirá viviendo en estas horribles condiciones por largo tiempo. Contemplar tantos niños pequeños en esta situación causa escalofríos al pensar cómo podrán crecer en este ambiente.

     

    P. ¿Y el trabajo de los jesuitas?

    R.  Los jesuitas de Haití están empeñados en un trabajo excelente, y concentrados en prioridades muy acertadas. Han respondido con gran generosidad a la emergencia, y cuando la situación parecía que, de algún modo, estaba encaminada, decidieron concentrar su atención y esfuerzos en la reconstrucción del país. Es un trabajo enorme y por eso han buscado unir sus esfuerzos a los de otros grupos pero sin perder de vista el plan de transformar la crisis de este momento en un tiempo creativo para trabajar por el bien del país "con ojos haitianos", sin limitarse a seguir los dictados de otros países. El trabajo que han realizado desde el día del terremoto ha dejado a algunos jesuitas muy cansados, exhaustos, con un agotamiento que es físico y espiritual o psíquico.  A pesar de lo cual continúan trabajando.  Dejé el país grandemente edificado y estimulado por la generosidad y la determinación de los jesuitas de trabajar por un nuevo Haití. Fue también estimulante encontrarme con los novicios jesuitas y los voluntarios laicos que ofrecen toda clase de ayuda en el campo médico, técnico, estructural etc. Los desastres hacen, con frecuencia, que salgan a la luz los instintos más humanos de la gente. Uno puede encontrar en Haití, en estos momentos, ese brotar de la bondad humana.

     


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